miércoles, 28 de marzo de 2018

Borracha de Dolor...Borracha de Ternura

Hace unos dos meses, mi esposo encontró tirada en la puerta de casa una cachorrita desnutrida y se convirtió en su primer rescate perruno. Dejó de ser hogar de tránsito junto a mi para convertirse en rescatista. En pocos días la bautizó y la negrita pasó a ser Sofi.

Hace casi un mes, mi esposo Angel murió súbitamente. Con apenas 59 años.

Angel y Sofi recién rescatada
Sabés cómo se define borrachera?
"Trastorno temporal de las capacidades físicas y mentales a causa del consumo excesivo de alcohol."

Yo conocí entonces la borrachera de dolor. Dolor, dolor y más dolor.
Un estado de confusión y tristeza constante que no cede y que parece haberse instalado aquí para siempre. Un abismo profundo y muy oscuro.

Mi marido se dedicaba básicamente a consentir. Eso era lo que lo definía como esposo, como padre y como hogar de tránsito. Él consentía. Y todos nos dejábamos consentir. Él era la ternura. Debe ser por eso que cuando escucho en la radio una canción dulce, suave, tierna...es cuando puedo llorarlo.

En los días posteriores a la  partida de Angel, Sofi irrumpía en nuestras rutinas quebradas y tristes moviendo la colita como quien tintinea, reclamando atención, regalando besos por todos lados, haciendo esos ruiditos de cachorro tan característicos. Nos robaba sonrisas, distraía nuestra atención, mitigaba la pena. Sin parar.

Me daba un sorbito de ternura cada vez.

Sofi creciendo
Miro a mis hijos, hombres ya, y hay algo que parece haberse ido con la muerte prematura de su padre. Es como un brillo. En cada palabra, en cada gesto, en cada detalle, ese brillo de jóvenes que se comen la vida, de carcajadas fáciles y frecuentes, de discusiones acaloradas de dos generaciones que se enfrentan, de retos de sabiondos a sus padres, de caprichos graciosos casi infantiles, de hijos consentidos.

Yo fui siempre la más consentida. Y como si se hubieran puesto de acuerdo, mis hijos David y Fernando, decidieron que ese era un estado que ellos debían mantener.

Y mientras yo bebía a sorbitos la ternura de Sofi, emanaba de ellos un nuevo brillo. Y empezaron a emborracharme con sus propias dosis.


"Quiero aprender a cocinar", " Bifes para almorzar?...Piola", "Te pongo la mesa?", "Querés que te traiga algo del mercado?", "Estás bien?". "Si querés no salgo y me quedo en casa con vos", "Te ayudo a bañar a la Bijou", "Estoy saliendo", "Yo estoy por la Godoy Cruz". Ternura, ternura y más ternura.

Sabés de qué otra manera se define la borrachera?
"Exaltación que produce en una persona un acontecimiento o situación especial"

Cada palabra, cada gesto, cada detalle se convierten para mi en una situación especial.
Estoy borracha de ternura.

Y entonces aquí estoy. Tironeada por las borracheras.
Una que me empuja hacia el abismo, que pone mi cuerpo como deslizándose hacia abajo, empapado en lágrimas, convertido en mitad. Otra que súbitamente toma mi mano con la fuerza de un gigante y me empuja hacia arriba aunque yo no quiera. Que seca mi cuerpo, que lo completa otra vez.

Yo digo que fue Angel quien se encargó de todo. Digo que trajo a casa a Sofi unas semanas antes de morir para que su ternura me emborrachara, Digo que crió estos hijos soñados que me ha dejado para que su ternura me emborrachara. Yo digo que fue él y solo él quien dejó todo debidamente establecido para que llegado el momento, yo comprendiera que no es en el fondo de ese abismo oscuro donde él está, sino precisamente... en la luz.

En la luz de la ternura.



domingo, 18 de diciembre de 2016

Ojos Color Tiempo

Bijou tiene 15 años. Se nos ha convertido en una viejita. Fue la nena de la casa, la flaca, la pendeja. Pero ahora es nuestra viejita.

Ella siempre mira a los ojos por largo rato como si tuviera todo el tiempo del mundo para fijar su mirada en vos. Como si pensara mientras lo hace.

O como si contara algo.
Y cuenta.

Cuenta que cuando ella nació, la esperaban en casa dos niños asombrados y llenos de ilusión, tenían 9 y 11 años. Iban y venían una y otra vez para ver a esa cachorrita tan vulnerable y tierna. Su nacimiento resultó ser un gran evento en casa.

Cuenta que fueron tres cachorros a compartir la vida. Que su cola se movía frenética frente a la puerta cuando llegaban de la escuela. Que se hacía pis encima de la emoción de verlos.

Cuenta que los años fueron haciendo su trabajo y se convirtieron en dos hermosos adolescentes y que sus rutinas cambiaron. Pero no con ella, nunca con ella. Eran tres adolescentes a compartir la vida. Y la emoción al verlos causaba, una y otra vez el efecto de hacerse pis encima.

Cuenta de nuestra mudanza.De mis canas. De nuestros proyectos. De nuestras realizaciones y nuestras frustraciones. Cuenta que su madre murió de cáncer y le salvó la vida: cuando la castramos ya tenía los tumores incipientes ella también.

Cuenta que los dos cachorros adolescentes se hicieron  adultos. Pero ya ella sabía que eran suyos, que siempre volverían. Por eso dejó de hacerse pis cuando llegaban. Ya no juegan , pero ella tampoco tiene muchas ganas de jugar. Ama tirarse a su lado para recibir las caricias, pero no les obedece. Como una madre vieja que ya los ha dejado atrás. Ellos siguen siendo jóvenes. Ella no.

Cuenta que lleva años aguantando estoicamente cada perrito en tránsito que traigo a casa. Que, como el resto de esta familia, lo hace por mi. Estrictamente por mi. Cuenta que preferiría que no, pero lo mismo me banca.

Cuenta de una casa llena de risas, y a veces de lágrimas. De sustos. De algarabía. De certezas y de dudas. De fracasar y volver a empezar. De madurar. De compartir. Cuenta que un día dejó de ser mi nena para convertirse en mi amiga.

Ella me mira fijamente. Con esos ojos color tiempo.
Y cuenta mi vida de los últimos 15 años.


miércoles, 21 de septiembre de 2016

Basta de Besos!

Ya casi llego a los setenta perritos recibidos en casa. Uno tras otro fueron consiguiendo sus hermosos hogares definitivos. Hembras, machos, grandes, chicos, sanos, enfermos, cachorros y adultos. Todos desfilan en mi mente como en un carrusel de hocicos que me miran con amor.
A todos los amé.
Todos me han amado.
Muchos de ellos llegaron con grandes inseguridades. No es novedad eso para mi.

Pero ahora llegó Pelusa a casa.

No sabemos si se perdió o si fue abandonada. Simplemente apareció en la plaza ansiosa y desorientada. Nadie la ha reclamado. Y definitivamente no es una perrita que haya nacido callejera.

Pero Pelusa tiene miedo.
Miedo a ser abandonada.
Y es tan tangible ese temor, que es como si ella hablara y te lo contara.


























Pelusa está decidida a quedarse en casa. Pero no es nada personal, es que simplemente quiere tener un hogar. Para ello se ha embarcado en una campaña basada en besos cargosos todo el santo día, en ser la primera que llega cuando las llamo, en ser la primera que obedece cualquier orden.

No se cómo no está agotada de tanto esfuerzo. Es incansable. Cuando no está encima humedeciéndome las manos que besa y besa sin descanso, ella me mira. Yo le digo, relajate Pelusa, que yo ya te quiero. Y ahí viene corriendo para saltarme encima.

Ni puedo dar un paso sin ella a mi lado, suavecita y silenciosa. Miro hacia abajo y esos dos farolitos me sonríen mientras controlan que no me aleje.

Compite por mi atención contínuamente. Como si tuviera terror de convertirse otra vez en invisible y quedar a la deriva, deambulando sin rumbo. Parece que creyera que si se aleja de mi ángulo de visión, va a dejar de existir.

Si estoy quieta, ella se relaja y puede dormir. Si me muevo apenas, su oreja radar empieza a barrer el perímetro para detectar cualquier cambio que la pudiera dejar sola. Y ya abre sus ojos de par en par y pone su cola en movimiento como quien dice: Siempre lista!

Me conmueve Pelusa. En su afán por ser amada, no tiene descanso. Y francamente no sé como lograr que se relaje.

De donde vendrá Pelusa? Cuál será su historia? Qué tan traumatizante habrá sido su vida en la calle?

No hace líos cuando me voy de casa, no tiene ansiedad por separación. Se porta bien, porque es necesario ser la mejor de la manada. Y porque mi techo es su hogar. Por eso sé que no es nada personal.

Cuando adopten a Pelusa se llevaran una peluda hermosísima, chiquitita y vivaz, inteligente y astuta. Pero se tendrán que preparar para lo que se les viene. Y se van a acordar de mi cuando le tengan que decir, una vez más: !Basta de besos!



martes, 13 de septiembre de 2016

Para que llegaras a mi

Hasta tu cucha llega el sonido de galletitas mañaneras. Te levantás bruscamente como es habitual y llegás a la cocina moviendo la cola. Te la acerco, la pongo delante de tu ojo izquierdo para que la puedas ver y listo, ha empezado el  desayuno en la casa. Brillan tus ojos extraños mientras volvés por la segunda. Te miro y te amo.

No fue fácil para vos llegar a mi vida. Ya lo se mi amor. Pero hoy solo estoy pensando en eso.

El año 2013 empezó muy mal para vos y tus hermanos de la calle. Todo parecía un caluroso día de verano como cualquiera cuando esos sujetos les prestaron atención. El líder se hacía llamar "El Diablo". Y lo era. Lo era.

La paliza no se hizo esperar. Una paliza salvaje a la inocencia. Un horror. Ya no podías ver, ya tu cara se deformaba, ya tu cabeza parecía estallar. Quietamente junto a Nari, tirados los dos, esperando que la muerte les quitara el dolor.

El domingo seis de Enero de 2013 traía otra vez un atardecer caluroso, aunque vos  ya no estabas allí. Te habían rescatado. Pero en las cercanías de  la Estación de Servicio de Mathus Hoyos y Mitre de Bermejo, a eso de las ocho y media de la noche, se empezó a oír un murmullo.

Apagado, suave, diferente. Un murmullo formado por decenas de murmullos. Inquietante, decidido. Cada uno que acudía murmuraba, y mientras lo hacía dejaba a un lado los rencores, las diferencias, la competencia, las individualidades, el ego. Y de esa manera al llegar, el murmullo se había convertido en un solo grito.

Yo no sabía que eso estaba ocurriendo para que llegaras a mi. 

El grito se hizo grande y hasta el mismo diablo se asustó como buen cobarde que era. Insultó, amenazó....pero los murmullos ya no tenían marcha atrás, ya se habían convertido en grito. En aquel entonces, te llamabas Marroncita. Y muchos de aquellos murmullos estivales te están reconociendo con ese nombre en este momento.

Estabas ciega, tenías daño neurológico y el terror se había apoderado de todo tu ser. Tan gentil que sos mi Mila...cómo pudieron dañarte así... Cuando llegaste a casa en tránsito eras como una estatua aterrorizada. Un ser que solo quería ser invisible. " No llames la atención", "Que nadie te vea", "Ni te muevas" . Y al acariciarte, tu cuerpo se contraía de puro miedo. En un rincón de la cocina, paralizada, la mirada hacia el costado, llorando de a ratos.

Después de comer las galletas intercambiaste cucha por sillón. Estás hecha un bollito aunque estamos en primavera, levantás la mirada cuando me ves acercar. Te voy a acariciar. Lo sabés. Tu cola se mueve con suavidad. Estás tranquila, te sentís segura, conocés el amor.

Posiblemente "el Diablo" haya sido una de las primeras personas a la que le pintaron los dedos por maltratar animales en Mendoza. Los medios se hicieron eco, y se habló mucho de tu desgracia. Yo sonreía al leer las noticias por acción tan bella que tuvieron esas personas y sus murmullos despojados de todo defecto. No sabía que lo habían hecho para que llegaras a mi.

Cada tanto les cuento a todos de vos. Y se ponen felices con tus noticias. Mila la ex Marroncita. Mila Milanesa como te dice tu vete. Nuestra niña mimada, la intocable, el personaje, la imprevisible. La adoradora del sol. La que tiembla por el frio. La que ahora recibe a las visitas. Perrita buena. Mi perrita.

Se posa en el respaldo del sillón nuestro Gino, el gato cachetero de la familia. Te provoca el ladino. Sabe que es tu sueño atraparlo algún día, sabe que nunca lo vas a lograr. Porque no lo podés ver con claridad. 

Como buena perrita inteligente, dejaste atrás tus dolencias rápidamente. No te decimos ciega, te decimos chicata. No te decimos "con daño neurológico", te decimos tontona. Eso lo superaste pronto. El miedo fue otra cosa. A ése costó trabajo vencerlo.



Te masajeo la cabeza porque te encanta. Te estirás toda con modorra. Tus ojitos entreabiertos. Pienso y pienso. Recuerdo. Y tu tibieza se convierte en murmullo. En muchos murmullos en realidad. Que un día de enero de 2013, dejaron al llegar sus  rencores,sus diferencias, su competencia, sus individualidades, su ego. Y se convirtieron por eso, en un solo grito.

El grito que hacía falta para que llegaras a mi.



miércoles, 13 de julio de 2016

¿Quién sos Preta?

Si vos ves a Preta en una foto, no te dice nada de nada. Es una negra del montón, retacona, pechito blanco y orejas paradas. Una callejera más que topó con las chicas de la Plaza Independencia. Y que especialmente se topó con Silvia.

Preta llegó a casa por su tránsito post castración. Se quedó apenas una semana. Y yo no sé qué es lo que ocurrió. Desde que se fue todo mi foco se concentró en Preta, en buscarle un hogar, en ver cómo estaba.

A Preta la he editado en mi Photoshop más que a cualquier otra perrita. Debe ser por eso que siempre digo que me encanta editar fotos de perros porque mientras lo hago, siento que los acaricio, que estamos solos los dos, frente  a frente. Uno posando y la otra editando. Y yo acaricia que te acaricia.

Pronto Preta agarró su ruta y se escapó de su otro tránsito. SEIS MESES. Seis meses perdida. Con Silvia a la cabeza, la buscaron de mil maneras, desesperadamente. Pero la negra no aparecía por ningún lado.

Jamás olvidaré aquel llamado. Silvia lloraba sin control, se sentía como temblaba su voz mientras me decía como podía, que Preta había aparecido, sola, otra vez en la Plaza. Y yo empecé a temblar también. Yo desde casa, Silvia teniéndola a unos metros...no lo podíamos creer.

Fines de Agosto de 2014. Preta encontrada después de seis meses

Atrapada la ladina llegó el momento de hablarle a Verónica para que la reciba en tránsito. De entrada fué con advertencia: "Ojo, porque esta perra enamora mal". Y se inició esa etapa en la vida de Preta. Yo apenas la había tenido una semana y ya me había dado cuenta de los efectos que la negra pecho blanco producía. Vero no fue la excepción.

¿Quién es, en realidad, Preta?

Ella es una tipa con una gran personalidad. Su miradita inocente no te dice de su inteligencia de perra bien manipuladora. Ella se adapta a las circunstancias exactamente de la manera que vos necesitás para caer a sus pies. En casa con espacios reducidos, su foco era el sillón y los habitantes del mismo, para llenarlos de besos y encontrar su hueco. En casa de Vero, se transformó en la líder de las largas caminatas por Vistalba. En casa convivía con los gatos en total armonía. Luego se convertiría en una asesina potencial de felinos como si lo hubiera sido siempre.


La veo a Preta como una perra silenciosa, si es que se los puede definir así. Una silenciosa que te mira intensamente y te trasmite cosas como si nada. Que le imprime tal intensidad a su presencia que luego no la podés olvidar. Negra compadrona, con su brillante azabache y su cola siempre en movimiento. Negra atorranta.

Costó mucho que Preta y su hogar definitivo se encontraran . Pero el momento llegó y fuimos muchas las madrinas que nos emocionamos con la noticia. Todas pendientes de la susodicha.
Los meses fueron pasando, el tiempo pareció haber dejado a Preta en el pasado, y cada una continuó buscando nuevos destinos felices a nuevos callejeros rescatados.

Y un día cualquiera, un día como ayer, te cae como peludo de regalo una foto de Estefanía que dice:
"Preta les manda saludos!!! ". Y te quedás quietita mirando esa foto. Y empieza una larga sonrisa que no se acaba nunca. Y te decís: "Preta...."



Ella te mira fijamente, echada con despreocupación, las orejas bien paradas. Te das cuenta que la estás adorando otra vez y que en cambio ella no se hace cargo ni ahí de los efectos que ha producido.
Ella está pancha, feliz, haciendo líos seguramente cuando sale a pasear, casi indiferente, un espíritu libre con todas las letras.

Pero lo mismo la seguís amando y te das cuenta cada vez que la encontrás de casualidad en una foto. Es todo muy raro con Preta.

¿Quién sos Preta?




martes, 17 de mayo de 2016

Anita en Primera Persona

Soy Anita.
Tengo siete años.
Soy una pitbull.
Soy una perra reproductora.
Soy una perra maltratada.


Nunca tuve un verdadero contacto con ninguna persona. Desde que nací recuerdo estar dentro de esa jaula. Recuerdo el cambio en mis dientes al comer. Los habían limado para que no atacara al macho cuando me cruzaban.
Como yo crecía, la jaula cada vez me resultaba más pequeña. Entonces me di cuenta que si arqueaba mi columna y metía hacia adentro mis patas...cabía. Y eso hice. Me quedé asi por siete años.
No se cuántos cachorros he criado. Pero mis tetas caen gastadas de mi vientre ya seco. Deben haber sido muchos.
Los seres humanos se acercaban para alimentarme, para obligar mi apareamiento, para controlar mis cachorros. Nunca me hablaban. Nunca supe lo que era un cariño. Que mencionaran mi nombre y me hicieran emocionar por eso. Nunca me hablaban.

Soy Anita.
Tengo siete años.
Soy una pitbull.
Soy una perra reproductora.
Soy una perra maltratada.
Soy una perra rescatada.

Quedé tirada en un baldío y ni recuerdo cómo. Ya no podía caminar, ya no podía procrear. Se ve que decidieron entonces que ya no podía vivir más. Me tiraron para que muriera en medio de la nada. Y alguien me encontró.

Estuve en dos hogares de tránsito antes de llegar a éste. Me empezaron a confundir desde el principio. Me hablaban con ternura, me acariciaban, me bañaban, ME HABLABAN. Y yo no entendía por qué. Entonces me dieron ganas de caminar otra vez. De seguir ese sonido de esas voces que me confundían. Y empecé a hacerlo.

Y llegué aqui. Aqui me molestan.No entienden que soy una perra a la que no se le habla. Todos en esta casa gritan mi nombre a cada rato. ANITA!!!! Qué hacés Anita??? ANITA VENÍ! ANITA TOMÁ! ANITA BONITAAA...., me grita mi mami sustituta desde la cocina.

Y yo suspiro. Me cuesta entender qué quiere hacer esta gente, que me habla, me habla y me habla. A mi, que durante siete años, nadie me habló.
Cucha y chaleco

En esta casa hay tres perras. Una de ellas, la Rosita, quiere jugar conmigo a toda costa. Yo ya se cómo me la saco de encima: le gruño. Porque después de todo, me podés explicar qué es "jugar?".

Como hace frío me quedo mas quieta. A mi papi sustituto se le ocurrió que eso no está bien. Que hay que socializar y andar por la casa. Y cayó con un carrito. Y me subió. No me gusta este carro, no quiero socializar con nadie. Yo no socializo. Yo no soy un ser. Yo soy una perra reproductora. Pero descubrí que si lo muevo llego al sillón donde mi mami teje. Y las piernas no me duelen tanto. Asi que tan mala idea no ha tenido este hombre.

Cuando vos vivis en una jaula, vos hacés todo en esa jaula. Asi que no solo es una jaula, es una jaula hedionda. Yo era una perra hedionda. En mi cucha actual, me cambian la manta todos los días. Limpia, perfumada, suave. Entonces la he empezado a atesorar. Y a los siete años, recién estoy aprendiendo que pis y caca, se hace en otro lado. Qué feo, no? Bueno, yo no lo sabía.

Mi mami me festeja mucho cuando ve que no ensucio la cucha. Viene a los gritos, para variar, me acaricia fuerte la cabeza y me felicita. Debo estar haciendo bien las cosas para que esta mujer se ponga tan contenta conmigo. Es que no estoy acostumbrada a agradar a las personas. Ella dice que eso es lo que menos importa, que soy hermosa, y que por solo eso voy a agradar a todo el mundo.

Yo poco muevo la cola. No se lo que es estar contenta o ser feliz. Yo se lo que es ser una perra reproductora. Aislada, sometida, maltratada, ignorada. Mi mami dice que eso es tristeza. Que en esta casa no hay lugar para la tristeza, que ellos la van a echar. Creo que algo la entiendo. Los otros días se fue por muchas horas. Cuando regresó a casa las otras salieron ladrando y saltando y yo pegué el salto también y como pude llegué hasta ella. Y mi cola se movía, y yo queria saltar, yo quería el primer beso. Entonces le di mi primer beso a ella. Y ella está vez no gritó, estaba emocionada.

Anita y Tere, un solo corazón
Cuando mi papi está en la mesa, siempre anda repartiendo cosas muy ricas a todo el mundo. Yo al principio lo miraba con indiferencia desde la cucha, hasta que me acercó el bocado por primera vez. El bife de cuadril me hace suspirar... Ahora como puedo trato de llegar al reparto, dice mi papi que si no me muevo, no ligo. Miente, porque cuando no voy, él una y otra vez, me acerca mi porción. Pero me hacen tanta fiesta cuando me levanto sola y voy....que dan ganas de intentarlo.

La que siempre me viene a ver es Tere. Eso sí que es felicidad. Ella es la que me salvó la vida. Y no me preguntes cómo ni por qué, pero yo LO SE. Me trae mis medicamentos y me llena de cariños. Me ilumino toda cuando ella llega a casa.

Mi mami sustituta me dice que ella es el puente entre Tere y mi mami verdadera, la definitiva, la que me adopte. Anda poniendo eso por todos lados. Dice que mi mami de verdad es un ser de luz que me va a amar apenas me vea. Que se va a enternecer con mis patas chuecas y mi caminar tan original. Que ella solo va a ver el amor que soy.

Y que cuando llegue ese día, la tristeza se habrá ido para siempre.



"

lunes, 11 de abril de 2016

Mala Pata

" Anita....Anita...."
"Veni Anita, acercate..."
" Ya veo tus ojitos tristes Anita...es porque tuviste mala pata..."

Anita me mira de costado, todavia no te enfoca su mirada de frente. Ni siquiera parece ser por temor. Porque Anita no siente temor. Anita no siente nada. Anita NO ES.

Esta pitbull de entre seis y siete años, ha vivido para criar. Ha estado años en una jaula. Y eso es fácil de deducir observando sus dos patas delanteras totalmente atrofiadas. Dadas vuelta, como quien las ha tenido en esa posición tantos años, que se quedaron así. Cuando le das un pedazo de carne te encontrás con lo otro. Tiene los dientes limados. Eso les hacen a las hembras de cría. Les liman los dientes para que no muerdan al macho en el momento de la monta.

Sus tetas son largas, exageradamente largas. Están secas, como muertas, como agotadas. Años de amamantar sin descanso. Años.

La vida de Anita ha sido entonces, cruzarse y criar, cruzarse y criar. En una sucesión interminable, en un círculo atroz, en una locura de maltrato, de inhumanidad. Entonces ella no es un perrito. Ella NO ES. Ella es como un ente que procrea. En una jaula pequeña para su tamaño, tan pequeña que no puede extender sus patas.

Anita tirada
La tiraron por ahi, como lo que era, algo descartable. Y alli se quedó , sin poder caminar. Tirada. En cualquier lugar. Alguien le acercó unos cacharros con agua y seguramente comida. Y ella quietita, sin quejarse, porque ella NO ES. Ella quietita, como muerta en vida.

Luego de ser rescatada, Anita, sin entender, sintió. Algo sintió porque tuvo ganas de vivir. Y en dos meses volvió a caminar, muy torpemente, muy dificultosamente. Todo por esa atrofia. Y luego llega a mi hogar de tránsito.

Anita no ladra, no llora, no se mueve. Se levanta para comer porque está famélica, Y luego a su lugar, a pasar lo más desapercibida que se pueda. Anita no te mira a los ojos. Ella rebolea esos ojos hermosísimos que tiene cuando te acercás y la acariciás, y te da ganas de comértela a besos. Pero ella mira hacia el costado, como ignorando tu presencia. Como si no tuviera derecho.

Viene Tere, su protectora a traerle sus medicamentos. Y a Anita se le ilumina la cara, ella todavia NO ES, pero quiere ser. Cosas que le están pasando, cosas nuevas que no comprende . Cosas buenas que percibe.

Es indiferente a la pequeña manada que la rodea, pero su instinto le indica que es bueno seguirlas. Que hay espacio para caminar, que se puede mover, que ya no hay más jaula. Como la manada me sigue incansable, ella imita, y aparece por mi taller haciéndose la invisible.

"Anita! Viniste!...Dame un beso..."
Y Anita mirando a la pared.

Estrenando chaleco
Si vos querés encontrar el maltrato en su máxima expresión, no busques en la calle. Buscá en aquellos criaderos inmorales donde el lucro es el único fin. Donde no hay piedad para seres tan gentiles como Anita. Donde se usa y se tira. Donde tienen jaulas, porque ni caniles son. Una atrofia como ésta lleva años gestándose. No se puede decir que no la vieron. No tienen perdón.

Ellos no tienen perdón, pero Anita ya no tiene más mala pata. Ella va a renacer. Ella va a SER. Ella se va a convertir en una perrita. De eso nos vamos a encargar. Y ya sea que la mala vibra de quienes hacen el mal sea poderosa y casi mortífera, haremos todo para dejarla atrás y  que quede en el olvido.

Llegó la etapa de los masajes, del ejercicio programado, de comidas nutritivas. Y la del estímulo. Buscaremos la manera de llegar a ella aunque mire para el costado, que oír su nombre se convierta en una buena noticia a la que hay que acudir, que la alegría de mi Rosita sea una invitación a algo que tal vez nunca hizo: jugar, que su lugar sea amplio, que pueda elegir cuchas para echarse, que pueda encontrar el encanto de mi sillón, que no cargue nunca más el karma de su raza, que ser acariciada sea algo habitual, que conozca el amor. Que un día me mire a los ojos.

" Anita....Anita...."
"Veni Anita, acercate..."
" Ya veo tus ojitos tristes Anita...es porque tuviste mala pata..."


" Ves allá a lo lejos, ves esa sombra negra y densa que se aleja? ..... Es la mala pata que se ha ido para siempre."




"

miércoles, 16 de marzo de 2016

Orito, Menina y la Muerte

Sé que nadie se lleva bien con la Muerte, pero yo me llevo peor. Es una relación ambivalente la que tengo porque por una parte la detesto y por otra es como si fuera una mala amiga que conozco más que nadie. Una amiga que llega sin avisar, que trae un manto sobrecogedor con el que te cubre, que te deja mirando al vacío por horas con la mente totalmente en blanco, que te llena de dolor, que te hace llorar. Pero es la misma amiga que te susurra de otros planos, otras dimensiones, una inmortalidad. Aunque parezca contradictorio es la Muerte la que te habla de lo inmortal de los seres.

Hoy supe que esa mala amiga se había llevado a Orito. Apenas un cachorro. Y siento cómo me cubre ese manto. Una vez más. Pero Orito no es el primer perrito transitado que pierdo, antes fue Menina, a quien nunca volví a mencionar en mi blog. No podía, porque la Muerte muchas veces te enmudece.

Menina era una muñeca como verás en su foto. Una muñeca dulce y dicharachera. Llegó a un hogar que la amaba, pero un día se escapó y fue atropellada por un auto. Yo me enteré del accidente antes que su "protectora" porque siempre tengo un contacto fluído con los hogares para siempre de mis animalitos.
Menina en casa

La columna de Menina se quebró y ella quedó sin posibilidades se caminar. Nunca más. Su familia adoptiva estaba dispuesta a recibirla con carrito si era necesario. A pesar de su humildad, a pesar de la falta de recursos, a pesar del estado permanente de Menina, ellos la querían en casa. Pero su "protectora" determinó que no eran responsables porque habían permitido que se escape.

Menina quedó internada en una vete. No te pongo la foto de esa etapa porque te morís. El deterioro general era impresionante. Y mi angustia crecía día a día, mientras escuchaba las mentiras de su "protectora". A pesar de mis ofrecimientos de traerla a casa, la "protectora" insistió que se la llevaba ella. Pronto su adoptante recibió la noticia en la vete: Menina había muerto.La durmieron. Porque cuando le pregunté si la habían eutanasiado, nunca más la "protectora" dió la cara,  Nunca más se contactó.

Esto es otra cosa que te trae la muerte cuando te visita: la culpa. La sensación que pudiste haber hecho algo y que quedaste quieto. La idea que pudiste haber evitado su partida. Y si hubiera ido a esa vete de mierda y se la hubiera sacado a la fuerza? Y si hubiera agarrado de los pelos a esta protectora imbécil y la hubiera obligado entregarme a Menina? Una de mis premisas es el respeto total a las decisiones de las protectoras de mis perritos en tránsito. Y si hubiera cruzado esa línea esta vez?

Jamás dejo de recordar a Menina. Me encargo constantemente de monitorear a esa protectora que dejó de serlo después de ésto. En cuanto la vea rescatando, voy a alertar a todo el mundo para que ningún inocente caiga en sus manos. Ni siquiera se trata de una mala persona, es simplemente una persona estúpida, cobarde y mentirosa.

Menina era mi angelito de tránsito en el cielo. Mi único angelito. Y hoy se suma Orito.

Con esa contracara insoportable que tiene la muerte, Orito fue amado desde el primer momento de su rescate. Y murió de una afección cardíaca, tal vez sin siquiera notarlo. Rodeado de amor. El manto sobrecogedor es otro. Es la tristeza de despedir a un cachorro lleno de vida, pero es el consuelo de que tuvo unos meses en este mundo, tan bonitos.

Orito en su hogar para siempre
Cuando alguien me consulta sobre ser hogar de tránsito, siempre les marco la importancia de relacionarse con protectoras responsables. Generalmente lo hago en privado para no herir susceptibilidades de personas sobre quienes no va dirigida mi advertencia.  

Pero hoy, que he podido por fin escribir sobre la triste historia de Menina, agrego una nueva y firme sugerencia: El respeto a las decisiones de un protector es una línea que a veces, hay que cruzar. 

Orito, Menina y la Muerte.

El amor y la desidia. La responsabilidad y el sacarse un problema de encima. El respeto y la línea a cruzar. El dolor con dulzura y el dolor sin consuelo. La muerte inevitable y la que pudo vencerse y no se venció. El aceptar el destino y el aceptar que se es falible .

La Muerte me sacude con su ambivalencia, porque en ambos casos, me susurra que están definitivamente en otro plano y que con absoluta seguridad, nos volveremos a encontrar.

Es cuando esa mala amiga, me saca una sonrisa.




sábado, 23 de enero de 2016

Puentes Inesperados


Esta mañana me atrapan dos muchachas. Iba desde mi taller a la casa cuando ellas justo estaban tocando el timbre. Dos muchachas bonitas y sonrientes, con todo su material a cuestas. Eran dos Testigos de Jehová.

Como hacemos la mayoría de nosotros, me encaminé hacia la casa como quien está muy apurada y no tiene tiempo que perder. Me alejaba de la reja de la cochera desde donde me veían. Se las notaba plácidas, tranquilas y como siempre, con todo el tiempo del mundo.

Mis perras y Peluche, mi tránsito, empezaron a ladrar y claro está, empezó también mi batalla para acallarlos porque es en momentos asi que se que la mitad de mi barrio, me expulsaría sin darme otra oportunidad.

"Venimos a traerle un mensaje" dice una de ellas.
Sonrío con cortesía sincera, porque siempre me conmueve la gente que da su tiempo libre para algo de lo que no van obtener nada, porque eso es una forma de amor, y les respondo: "No me interesa". Dicho ésto empiezo a retroceder hacia la casa en señal de "estoy- recontra -apurada-con- miles-de- cosas -que- hacer- y- no- puedo- perder- tiempo"


Con los perros ya ladrando un poco menos, casi les estoy dando la espalda cuando una de ellas me pregunta: ¿Usted ayuda a perritos abandonados?


Y si. Me detuve. Me di vuelta. Me dije: Son apenas cuatro perros, nada del otro mundo, ¿por qué pensó eso?

Sí, ayudo. Los rescatan, los amparo en casa, y luego los damos en adopción.



"Qué linda forma de ayudar....yo también soy muy bichera. De hecho en mi barrio estamos desesperadas ayudando a dos perritos que han dejado abandonados en una casa vacía. Se fueron,señora, y los han dejado ahi."


A esta altura del partido, yo había vuelto sobre mis pasos, me había relajado totalmente, y mi apuro había quedado en el olvido. Creo que hasta los perros dejaron de ladrar. Y empezamos a conversar de nuestro tema en común. Entre las tres había aparecido un puente inesperado. Y justo en el medio, nos pusimos a hablar de perros y abandonos.

Yo soy agnóstica. Mis orígenes son como los de la mayoría, católica, aunque no me siento identificada con ninguna religión. Pero ocurrió que en medio de ese puente inesperado, ellas me dijeron que Dios algún día haría algo en este mundo y desaparecería para siempre el dolor de tantos animalitos. Y ocurrió que yo les respondí que cuando el hombre clamó a Dios y le dijo que Por qué tanto maltrato, que por qué no hacia nada, Dios le había respondido: Yo hice algo, yo te creé.

Y sonrieron. Y sonreí. Las tres estábamos hablando de Dios. Las tres estábamos hablando de perros sufrientes. Fueron unos minutos. Dos Testigos de Jehová y yo. Hablando de perros, nuestro inesperado puente.

No se fueron sin antes registrar debidamente mi página de Facebook y mi nombre para que se contactaran lo antes posible y ver de qué manera las iba a ayudar desde mi lugar para salvar a esos perritos. Se fueron como vinieron, sonrientes. Pero además agradecidas. Estaban angustiadas porque no sabían como ayudar. Y ahora sabían. Ahora tenían ayuda.

Este encuentro me hizo reflexionar. Yo percibí lo que había ocurrido y caí en la cuenta de la cantidad tan grande de puentes inesperados que aparecieron en mi vida desde que me dedico a proteger animales. Cuántos amigos nuevos y tan entrañables, cuantas personas que se dulcifican por el solo hecho de enterarse que soy hogar de tránsito, cuantas charlas inolvidables con personas que solo conozco por la red, cuantas caricias a la distancia.  Cuántos puentes inesperados.

Hace unos años me puse manos a la obra y embarqué a toda mi familia casi sin consultarles. Yo quería ayudar, y quería hacerlo a cambio de nada. Siempre pensé que la recompensa era el hogar, el hogar que tarde o temprano encontrábamos para el abandonado.

Ahora se que la Vida nos ve. Y nos provee.
Nos provee puentes inesperados.



miércoles, 9 de diciembre de 2015

Haciendo Cuentas en Navidad

Mirá al número que llegué. Cero problemas, cero trabajo. Muchos hocicos amorosos. Muchas nuevas amigas. Recuerdos imborrables. No puedo creer que te lo estés perdiendo.





lunes, 30 de noviembre de 2015

El Amor No Es Ciego

Las conocí a las dos al mismo tiempo. Thelma, mi nuevo tránsito, y Brenda su protectora. Thelma estaba un poco asustada, lo que ocurre regularmente al principio. Brenda venía perdidamente enamorada de Thelma, como también es común de ver. Siempre me conmueven estas protectoras con la sensibilidad a flor de piel que tienen, con esa angustia por el futuro del rescatado, con esas vacilaciones al dejarlos en un lugar que todavía no conocen,

Verlas enamoradas de sus rescatados? Pan comido, cosa de siempre. La perra es una mestiza más del montón, pero el amor es ciego. Y Brenda no es la excepción. Para Brenda, Thelma es sencillamente, una perra especial.

Thelma entró expectante a casa, pero nada del otro mundo. Se echó en la cucha, se recorrió el patio, comió. Con la manada dueña de casa, una relación distante pero cortés. Ni un conflicto. Es una perra mansita, nos dijimos, y la dejamos en paz.

Sin pestañear
Y viene Thelma un día y se pone a mirarte. Y te mira fijo sin bajar la mirada. Y como que te hinoptiza porque se la mantenés. Y pasan los minutos. Y ahi las dos, frente a frente. Entonces te trasmite cosas, una especie de amor pacífico y suave, unas ganas de abrazarla aunque no está cerca, Y te quedás un poco perpleja porque te das cuenta que te estás enamorando y no pescás cómo lo está logrando.

El tiempo pasa, y ella se rebela como una perra que te sigue como una sombra. Callada, quieta, pero ahi, presente. Que para de llover y sale rajando al patio, es cuando te das cuenta el tiempo que se lleva aguantando las ganas como una ídola de la pulcritud. Que le das palmadas al sillón y sube de inmediato para enterrar su hocico en tu vientre con una confianza absoluta, como si te conociera de toda la vida. Y siempre te mira, te mira intensamente.

En un  momento cualquiera escuchás en casa que alguien dice: "A pesar que es bien marca pichicho, qué bonita que es esta Thelma, viste? " Y asentís sin dudarlo. Ese pelo suave, esa cola como de zorro...y esa forma de mirar.

En menos de dos semanas llegás a la conclusión que en realidad, el amor no es ciego. El amor ve muy bien, Brenda ve muy bien cuando dice "Cómo amo a esta perra". Un día ves una mirada, otro día una caricia con hocico, otro unos besos que no paran, otro un recibimiento con ladridos de felicidad, y otro un mordisqueo muy suave para jugar un ratito con vos. Ves lo obediente que es al punto de ser hasta graciosa, lo limpia para sus cosas, lo suave para moverse por casa, lo pacífica, lo dulce.

La dulce Thelma
Y todo lo que vos ves, lo está viendo el amor. Y es el amor quien te dice que te han conquistado.

Cuando llegó Thelma a casa yo vi una mestiza igual a cualquier otra, tamaño común, color común, cara común, pelo común. Y me pregunté si no sería que iba a costar mucho para conseguirle hogar definitivo. Pero el amor espiaba a través de mi retinas, y como no es ciego, ahi nomás la vió. 

Hoy me he vuelto codiciosa, hoy quiero el mejor hogar para mi Thelma. Hoy sé, que no va a costar nada encontrarlo.

Por que el amor no es ciego.


NOTA: Para adoptar a Thelma contactar a Brenda al  2615975611
Face:  https://www.facebook.com/brenda.ochoa.5458





martes, 1 de septiembre de 2015

Tic Tac


Mireya es una enana que estuvo en casa tan poco tiempo, que casi pasa desapercibida.
Llegó en tránsito y en quince días había conseguido un hogar. Algo raro cuando se trata de adopciones, pero no tanto si la conocías a Mireyita. Una perrita encantadora.

En casa le decíamos Tic Tac. Ella es una sobreviviente del moquillo, y como marca de guerra le quedó un tic en la orejita que no para de moverse. Tic...tac....Tic...tac... Toda ella dormida, todo su cuerpo relajado y ahí, como un centinela que no permite que te olvides del moquillo...el tic tac...
Nuestra "Tic Tac" en casa

Mucho se habla hoy en día, de la influencia del estrés en muchas enfermedades de los perros y gatos, y su contrario, cuando hay que concentrarse en la recuperación. No hace muchos años atrás hablabas del estrés y la gente se moría de la risa, aparecía el concepto como algo snob y casi ridículo.

Mireya es la prueba tangible de cómo disminuyendo su estrés, lográs una recuperación completa y bien rápida. Desde que se la internó con moquillo, esta rubia supo lo que era ser mimada. Una a una se fueron acercando a visitarla, a llenarla de besos, a acariciarla, a hablarle en voz baja, a hablarle de amor. Y asi fue que esta callejera que un día cualquiera apareció por la Plaza Independencia, terminó superando un enfermedad muchas veces mortal.

Ella llegó a casa como una reina, especialmente si alguien que la consintiera estaba cerca. Decidida y muy segura de si misma, sentaba sus reales en casa como si de la máxima jerarquía se tratara. Ya sin sus aplaudidoras a mano, la señorita se convertía en una más de la manada, respetando a propios y ajenos y luchando por recibir la atención correspondiente.

A través de Esperanza, yo tuve contacto con el moquillo y sus secuelas. Cuando Mireya llegó a casa yo ya sabía.

Sabía por ejemplo, que estos sobrevivientes ya nunca serán unos perritos comunes. Ellos son sufridos. Ellos aman la vida tal vez más que los que nunca enfermaron. Ellos tienen otra alegría de vivir. Y cómo no, se la han ganado.

Mireya encontrada en la Plaza Independencia
Saben también que el amor ha sido la fuente principal de la cual bebieron mientras enfermos, y por ello no paran de demandarlo. Como si tuvieran un miedo profundo a que se agote, y así, volver a los tiempos de oscuridad.

Saben que las caricias tienen olores y rostros diferentes, pero que siempre son caricias. Entonces, no desconfían frente a los extraños, ellos simplemente esperan a que la caricia llegue. Y siempre llega.

Asi que Mireya, con gusto nos perdonó el sobrenombre y venía corriendo cuando gritábamos: "Tic Tac...dónde está nuestra Tic Tac". Con esa orejita que sin descanso, de movía una y otra vez.

Ya en su hogar adoptivo, nuestra Tic Tac volvió a enfermar. Le diagnosticaron un tumor venéreo transmisible, el famoso y odiado: TVT. Y así fue como se quedó sin hogar  una vez más. Una nueva batalla para esta enana sufrida y estoica. La batalla de la quimioterapia. Y una vez más la batería del amor desplegándose en la cochera de Toty, que la cuida como a una hija dilecta.

Tal vez vuelva a casa como tránsito. Espero que así sea. Quiero otra vez acariciar esa oreja rebelde que no se queda quieta mientras ella duerme sana y relajada en mi sillón. Quiero susurrarle "TicTac" y que aunque dormida, me mueva la cola. Quiero volver a diseñar para ella las mejores imágenes con su foto bella. Quiero volver a buscar un hogar, y esta vez sí, que sea para siempre.

Mireya aunque estuvo pocos días en casa, no se va nunca. Ninguno se va nunca. Se las arreglan para que, de alguna manera, se sienta su presencia en casa. Y cuando los sabés vulnerables, es como que se hicieran más tangibles aún.

Guapa
No dejo de pensar en ella. No dejo de hacer fuerzas para que se recupere pronto. No es justo que tenga que batallar con dos de las enfermedades más temibles. No es justo que tenga que pelearla tanto. Ella pagó ya su peaje, no es justo que la Vida se lo vuelva a cobrar.

Me la imagino en su cucha... soportando las consecuencias de la quimio. Quietita... resignada..  luchadora. Y me la imagino llegando a casa por segunda vez. Entrando y sentando sus reales, con la seguridad de una consentida. Y haciéndose la otra cuando se le van las aplaudidoras.

Me imagino que se roba el lugar en el sillón por enésima vez. Que apoya la cabecita en mi falda como al pasar. Que se duerme profundamente y que yo le susurro: "Hola Tic Tac..."

Y que ella aún dormida...me mueve la cola.




miércoles, 12 de agosto de 2015

Vamos caminando, Palomita

Palomita llegó a casa hace una semana. Es una perrita muy pequeña, cachorrona aún. No podemos decir por qué, pero sí sabemos que ella llegó con dos serios problemas: tristeza y miedo.

Palomita en su rincón
Un cachorro de esa edad es un perrito que hace pozos, come plantas, roba medias, muerde zapatillas. Es un perrito que se mueve constantemente, que juega, que reclama la atención de todo el mundo. Palomita era todo lo contrario al llegar. Encontró en un rincón el lugar ideal para instalarse sin mover ni una pestaña cuestión de no llamar la atención. Y si te le acercabas, se hacía chiquitita chiquitita con la ilusión de no ser registrada.

Los dos primeros días, la inmovilidad fue casi total, aunque a su favor debo decir que para hacer sus cosas, y solo para éso, se levantaba e iba al patio para volver a mil por hora antes que alguien la atrapara. Al tercer día empezamos a escuchar ruidos nocturnos. Una extraña actividad se hacía oír desde la planta baja, en la quietud de la noche. Encontré por la mañana una cucha llena de medias desparramadas. Entonces la descubrí: Palomita jugaba mientras todos dormíamos.

En la cuarta noche, los ruidos eran, como decirte, más estridentes. Había más movimiento, más actividad allí abajo. Pero no pude deducir cuál era el cambio.

Muchos saben que yo tengo una perra llamada Rosita, a quien la hemos titulado "Licenciada Rosita" porque tiene un extraño don para rehabilitar perros. Como que se comunicara de alguna manera y comprendiera exactamente, el tratamiento a aplicar en cada caso. Y lo aplicara.

Ayer, estuve toda la mañana afuera y al regresar, Palomita me esperaba moviendo la cola.

Poco después, desde mi cocina, observaba disimuladamente cómo  se movía por el comedor con cierta comodidad. Iba y venia sin parar, relajada, como buscando algo lindo. 

Cuando Rosita fue hacia ella lo comprendí. Se trenzaron en una lucha de juegos que duró largos minutos en los que yo miraba sin poderlo creer. Un juego que evidentemente, no era nuevo para ellas. Palomita se ponía de panza mientras la otra le mordía las orejas con la confianza de quien no lo hace por primera vez. 

Hace una semana, Palomita llegó con dos serios problemas: tristeza y miedo.

Ayer la tristeza se fue para siempre.

Vamos caminando, Palomita





martes, 4 de agosto de 2015

Soplos de Ternura

Cada perrito que llega a casa, trae algo en particular consigo. Su aspecto, su personalidad, una herida a ser curada, su historia. Y el tránsito es finalmente definido por el propio pensionista. Las risas y las lágrimas, los éxitos y los fracasos, los miedos y los desafíos. Cada cual trae lo suyo, invariablemente.

La mirada de Calita
Pero cada tanto te llega a casa un soplo de ternura.

Entra Calita con sus pelos ásperos y opacos, con la panza que se cae de flaca, con su cara de pichicho puro...Entra a casa y mientras se encamina sin saber a dónde va...sentís un soplo. Y la ternura te acaricia la  piel, la sentís al respirar, al ver, al hablar.

No podés definirlo de entrada. Sentís que algo te ha tocado en lo profundo, pero que a la vez es leve, suave. Y no controlás el impulso de buscar a la fuente, para volverlo a sentir. Y cuando te topás con la mirada inocente de Calita, otra vez el soplo.

Los soplos de ternura son casquivanos. No te llegan a demanda. Llegan cuando ellos quieren. Toman la forma que ellos deciden. Son escasos. Pero se dejan atrapar.

Calita fue una perrita feliz desde el primer día que estuvo en casa. Movía esa cola de ratón, flaca y pelada, y golpeteaba los muebles con ella haciendo ese ruido rítmico tan particular y gracioso. Comía como si fuera el último dia y quería jugar con todo el mundo en todo momento. Al ser pequeña de tamaño, ni se sentía,pero era cosa que pasaba a tu lado y vos no podías evitar percibir el soplo. Calita te despertaba la sonrisa, la ternura estaba jugando con vos.

Cuando trajeron a Charly, el gatito operado por una quebradura, apareció Calita con su juguete. Se instaló junto a la manta del minino dormido aún por la anestesia, y suavemente se puso a jugar. Jugaba sola pero como quien acompaña. Sin perder de vista a Charly ni por un segundo.


Inquieta importante dados sus seis meses, a veces le costaba relajarse. Sin embargo unas buenas caricias en la panza la llevaban rápidamente a otro plano y podías ver como pata a pata se iba relajando, sus ojos se cerraban, su respiración de hacía profunda. Se convertía en un muñeco de trapo, totalmente desarticulado. Una vez mi marido me dijo: "Es que hace falta tan poco...es que piden tan poco..."  Y nos quedamos en silencio los dos, mirándola y sintiendo como el soplo nos rodeaba.

Te cuento de ella en pasado, porque Calita partió al hogar de tránsito de Vanina para recuperar su problemita en la piel. Apenas un mes estuvo en casa. Me cuentan las malas lenguas que no le gusta estar sola, que se enoja y rompe sillones, y que cuando la pesca Vanina no puede ni retarla...Es que la alcanza uno de sus soplos.

Yo sueño con el hogar definitivo de Calita. Algo me dice que entrará despreocupadamente y que los mirará con inocencia. Y que en ese preciso instante, esas personas lo sentirán. Y sabrán que no hay marcha atrás. El soplo finalmente, habrá llegado para quedarse.

Es que así son los soplos.
Los soplos de ternura.




lunes, 13 de julio de 2015

Señora Escurridiza

Por fin frente a frente, Señora Escurridiza... Tu hermosa foto en la pantalla, y de este lado, yo.

De solo mirarte se me humedecen los ojos. No puedo dejar de hacerlo. No estás sola en la foto, estás con ella. Como debe ser, como será por siempre.

Te he soñado de manera incansable. Desde el primer día. Aunque el moquillo parecía haberle llevado todas las posibilidades de ser una perrita feliz, yo lo mismo soñaba con vos. No sabía que eras vos, porque eras una Señora Escurridiza.

Soñé con tu patio, con tu sillón con funda anti perros, con tu perrita Anastasia, con tus gatos. Soñé con tu esposo dándole de comer algo rico en la boca y sacándola a caminar. Soñé con vos. Una y otra vez, sin descanso, sin sentido común, como debe ser un sueño que se precie de tal.

Y cada vez que me sentaba donde estoy hoy, frente al monitor, mi sueño se convertía en diseños y colores. Fondo cruadrillé rosadito, puntillas alrededor de la foto, contraste e iluminación, efectos especiales de Photoshop, enfoques de frente y de perfil, sentada y caminando, medio cuerpo, primer plano, cuerpo completo, flores, corazones, hasta botones colorinches : "Esperanza en Adopción"

Y mientras diseñaba y publicaba...soñaba.

Una que yo sé también lo hacía. Pero ella tenia la ventaja de conocerte. Lo de ella era una ilusión más grande que una casa, lo mío era sueño puro y duro. Yo no sé, Señora Escurridiza, cómo no te ha golpeado nunca tanta energía acumulada que iba a parar derechito a tu casa, porque creéme que lo hemos deseado mucho.

Y ahora te me aparecés asi, de zopetón. Tan tranquila. Frente a mi pantalla. Sin previo aviso. Sonriendo suave mientras Esperanza mira inocentemente  con sus patitas semi tiesas sobre tu regazo.
Y comprendo que sabés. Comprendo que sabés lo fácil que es amarla y comprenderla. Vos sabés, por eso sonreís. Si, Señora Escurridiza, nosotras sabemos.

Si te digo que es fácil dejarla ir, te miento. Muchos pueden dar fe de lo que te digo. Si te digo que me hace feliz dejarla ir hacia vos, no te miento. Este es otro Efecto Esperanza no mencionado, esto es lo que esa hoja de ruta hacia la vida, ha dejado en mi. Abrazar a  las contradicciones.

El camino fue largo, pero sin alternativa. Tenía que serlo para que llegara a la puerta de tu casa acogedora y amorosa. Los sueños no se cumplen tan fácilmente, verdad?


Pero ahora te he atrapado, Señora Escurridiza. Tu imagen de mujer hermosa llena mi pantalla. 

Y esta vez es tu energía la que llega a mi. 

Sos la madre de mi hija.

Voy a extrañar soñarte.


martes, 30 de junio de 2015

Carta a Esperanza

Te escribo esta carta para decirte adiós. Encontraste tu hogar para siempre y ya no volvés a casa.

Vos seguirás con tu mirada inocente, tus arruguitas en la frente, tus patas delanteras estiradas al sentarte en el sillón, tu caminar saltarín, tus besos de almohadilla, tus conversaciones a la hora del almuerzo.

Y yo seguiré sin vos.

Eran necesarias otras mamis sustitutas para reemplazarme regularmente y evitar que me adueñe de tu vida . Pero la trampa no se dejó engañar: me acostumbré que te ibas por unas semanas y siempre volvías. Y así estaba hasta hace unos minutos, segura que volverías a casa.

Esperanza paralizada
No será que no me lo advirtieron. Hace tiempo me venían avisando que andabas desplegando tu encanto en ese hogar maravilloso, que andabas enamorando a otros. Pero no lo quise aceptar.

Siempre me he desprendido con amor. Hoy me desprendo con agradecimiento y admiración, porque el amor está tan implícito que no se puede ni siquiera definir.

Te conocí quebrada. Y te vi levantarte. Vi tus esfuerzos que de tan inmensos necesitaban ratificación de un tercero: nunca podía creer lo que veían mis ojos. Cada día, cada semana, te ibas transformando con esfuerzos que no sé si un ser humano sería capaz de desplegar. Caminé por senderos de emoción tan intensos que no puedo hoy recordar si alguna vez los viví con anterioridad.

Te agradezco porque me enseñaste cosas nuevas de mi misma. No sé por qué me atreví a traerte a casa en ese estado cuando estaba segura que era incapaz de ayudarte. Tampoco sé por que nunca me arrepentí. Cada vez que te subía a la mesa y empezaba con los masajes y ejercicios pensaba que todo sería inútil, cada vez que te llevaba a upa para todos lados sufría por tu destino inevitable. Estabas totalmente paralizada, para siempre.

Con la Licenciada Rosita, la verdadera terapeuta
Me hiciste estudiar. Devorarme publicaciones sobre el moquillo y sus secuelas. Mirar una y otra vez videos sobre rehabilitación de perritos. Y así pasaban nuestros días, unidas hasta físicamente todo el tiempo. 
Sacándonos selfies mientras estaba en la compu con vos encima.
Parándote sobre mis rodillas para que hagas pis y caca como una perrita normal.


Te admiro por ese primer movimiento de patita que hiciste aquel día. Me pregunto cuánto te habrá costado. Me pregunto si lo repetías para que yo me convenciera. Es que me mirabas de esa manera cuando yo decía: Otra vez! Otra vez Esperanza!  Jamás olvidaré el principio de ese camino que emprendiste tan determinada y que me hizo creer ya ni sé en qué, pero creer.

Y si, Esperanza, caí en la trampa finalmente. Doblemente trampa, porque era conocida para mi. Llegué a sentir que me pertenecías. Mía, solo mía. El resto tías o madrinas. Mami, solo yo. Y me lo creí. 

Pero hoy ya das luz en otro hogar. Y es para siempre. Y estás feliz. Y estás sana. Y corrés jugando. Tenés todo lo que soñé para vos. 

Entonces te digo adiós.

Como dice el poema de Diane Morgan:

Te dejaré ir no sin una lágrima,
Pero sin un lamento.
Pues estás a salvo para siempre
Y un nuevo perro me necesita ahora...


Adios Esperanza

Para leer el poema completo: http://hogardetransitoperritos.blogspot.com.ar/search/label/Un%20Poema

sábado, 9 de mayo de 2015

Momento de Recibir

Puede pensarse con facilidad que cuando se enfrenta la lucha contra el abandono y el maltrato, sólo se trata de dar. Como la actividad es totalmente voluntaria, en principio el único premio sería la satisfacción por el deber cumplido.
Milagro Lopez Mathez

Pero no es asi. 
También llega el momento de recibir.

Milagro se llamaba Marroncita cuando le molieron a palos la cabeza, literalmente. Ella quedó casi ciega y con daño neurológico permanente. Llegó como un tránsito más y se quedó en casa para siempre.

Al principio no fue fácil. Ella permanecía todo el tiempo echada en la misma posición. Era como una estatua fria y distante. No interactuaba ni con perros ni con humanos. Lo único que parecía llamarle la atención eran nuestros gatos.

Y el tiempo empezó a curar los miedos de Milagro. Y se fue convirtiendo en una perrita más de la manada, cada día más participativa y sociable. Hoy es la primera que sale a recibir exultante, a las visitas.

Milagro es una perra completa. Es buena, obediente, inteligente, muy pulcra. No molesta jamás. Pero tiene una debilidad: es friolenta.

Anoche se echó en mi falda mientras yo veía la TV. Y empezó a temblar. El fresco ya se siente en Mendoza. Le puse su chaleco rojo cuidadosamente porque por ahi se asusta de los movimientos bruscos y no quería perturbarla.

Entonces se acurrucó a mi lado, las dos compartiendo el tan codiciado sillón.

Deformada por los golpes recibidos

Por un momento, mientras la acariciaba, se dispersó mi atención en la pantalla y se concentró en la tibieza que sentían las palmas de mi mano. Y miré ese bollito lleno de vida y de amor . Miré a nuestra Milagro. Nuestra ciega sospechosa porque por ahi nos parece que ve mucho más de lo que nos dijeron, nuestra torpona pues al no ver bien nos vive chocando, nuestra rara que se sobresalta de nada y hace esos movimientos tan graciosos mientras huye vaya a saber de qué. Nuestra estatua distante e indiferente.


Durmiendo acurrucada a mi lado.
Y qué te puedo decir...este es el momento de recibir.

Milagro venía de lo más despreciable del ser humano, de la crueldad que no se limita, de la desidia que casi la mata. Llegó a algo tan sencillo como un hogar. Un hogar común y corriente. Uno de tantos. Fue un largo camino el que tuvo que recorrer para llegar a acurrucarse relajada a mi lado. Pero lo hizo. Lo hicimos. Los que la rescataron, los que fueron a gritar ferozmente por ella en la protesta , quien la curó, quien la apapachó cuando recién se salvaba su vida, quien la amadrinó desde el primer dia, quienes le cambiamos el nombre Marroncita por el de Milagro Lopez Mathez...  Asi. Con doble apellido.

Y yo no sólo recibo la satisfacción de haber sido parte de esa recuperación que le dió su nombre. Yo ahora recibo su amor y su confianza total. El derecho a masajearle las orejas con energia, o el derecho de apenas rozarla con mis dedos. Yo la puedo tocar cuando quiera, y ella se estremece de placer.

Pero debo ya terminar con mi relato. Milagro acaba de apoyar su hocico sobre mi pierna y me mira con ojitos llenos de luz. Demanda caricias. Empiezo a perder el foco en la pantalla de la computadora. Esa mirada se está alineando con mis ojos.

Ahora mismo, tengo que disfrutarme otro momento de recibir.






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